Whatsapp

Cuando el WhatsApp puede ser una herramienta cargada de erotismo …

La dominación no es un acto de presencia, sino de estar presente, os lo explico en el ejemplo de una de las experiencias más satisfactorias que he tenido en dominación. Éste caso es singular y llamativo, ya que no he conocido nunca en persona a la mujer con que pasó la historia.

Nos situamos, soy muy amigo de las redes, lo reconozco, me encanta el WhatsApp, me gusta Instagram, tengo Facebook y twitter y me encanta hablar por ellas. A través de éstas me contactó una chica de un pueblo algo lejano, y me pidió sesionar conmigo, ese día yo estaba muy ocioso y con ganas de charlar así que después de interrogarle un poquito para ver quién era, decidí empezar a charlar por WhatsApp

Empezamos a charlar sobre lo difícil que es encontrar un dom que la supiera guiar y los conocidos comunes, me preguntó si había alguno de su zona y si le podía recomendar a alguien, evidentemente  le dije que no se puede recomendar a nadie. Esto es un tema de feeling entre las personas y lo que vale para una, puede no valer para otra, pero le recomendé ir a algún Munch donde encontraría gente afín y quizá probando, encontraría a su master.

Pasamos charlando un rato más y me entró la vena juguetona, a veces soy así, y le empecé a sugerir acciones y que hiciera cosas para mí. Reconozco que al principio solo quería satisfacer mi ego, pero al poco rato empecé a ver que ella entraba en el juego de una manera maravillosa y se convirtió en una sesión de dominación.

Tras determinar sus límites funcionales y logísticos, vivía con compañeros de piso y no estaba sola en casa. Empecé a solicitarle que hiciera pequeñas acciones inocentes y que me las demostrara con fotos que las había hecho.

El primer inconveniente que encontré, por supuesto fue el cómo castigar sus rebeldías, ya que cuando estás presente puedes dar un azote o crearle un castigo, así que le encargaba sus propios castigos o le ponía pruebas más duras, ella recibía estos castigos como premios muy deseados.

WhatsApp lo carga el diablo …

Para empezar le pedí que se quitara la ropa interior y que me la mostrara en su mano en una foto.

  • ¡Sí, señor!- respondió al cabo de un minuto tenía una foto de sus braguitas.
  • Gracias, átalas a tu muñeca, sal de tu habitación y dirígete al salón, seguiremos la sesión ahí.
  • ¡Sí, señor! Hay un compañero viendo la televisión.
  • ¡No me molesta! ¿te puedes sentar detrás de él?
  • Si
  • ¡Hazlo! Descríbeme el ambiente.
  • Es un salón donde tenemos la tele, hay cuatro puertas, una que va al baño, dos a habitaciones y una al baño.
  • ¿Tu compañero?
  • En el sofá viendo la tele, me he sentado en la silla de la mesa de comedor, detrás de él. Me ha saludado, pero no me hace caso.
  • Pon tus bragas extendidas encima de la mesa.
  • Escribiendo…escribiendo…
  • Ya! Está señor (foto)
  • Bien, abre las piernas
  • Señor, voy en falda, si se gira…
  • ¡Hazlo!
  • Sí señor, ya está
  • Mastúrbate en silencio
  • Si señor

Los minutos pasan lentos mirando una pantalla muda…  el “sí señor” se hace eterno hasta que aparece “escribiendo…

  • Ya me he corrido, señor! Aquí tiene la muestra.

Envía una foto de sus dedos húmedos.

  • ¿te gustó?
  • ¡Si señor! ¡Gracias señor!
  • Gracias por esta sesión

Nos despedimos ahí, por desgracia, debido a compromisos en las semanas siguientes perdimos el contacto y la conexión, pero atesoro aquella pequeña sesión como algo muy valioso, la sensación que la dominación no es necesaria ejercerla desde el castigo, sino desde el carácter. El momento de gozo, imaginado en mí, fue una de las mayores excitaciones que he sentido, mucho más que si la hubiera vivido en persona.

Perversamente vuestro. Dave Laciter

 

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